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Para Julio, a quien cogí cariño desde la primera noche.

Melisa, como todos los días y casi a todas horas, se mira en el espejo. Es un espejo largo de cuerpo entero y marco dorado. Un regalo de su amiga Aldara por su 25 cumpleaños, ideal para aumentar su ego, porque no hay mayor afición para Melisa que contemplar su reflejo mientras posa con caros vestidos y forzadas posturas y sonrisas que ya salen de forma natural.

Hace casi diez años que se dedica al mundo de la moda, y hace ya siete que su carrera profesional no hace más que ascender. La reclaman en pasarelas de medio mundo y en toda clase de revistas, programas y anuncios. El sueño de toda chica cuando entra en la academia de modelos, de todas, menos de ella.

Sí es cierto que empezó entusiasmada en este mundillo y que disfrutó a lo grande los primeros años, sobre todo las fiestas de etiqueta y los ramos de flores de los admiradores, pero hace ya un par de años que se dio cuenta de que no es feliz.

Sigue mirándose en el espejo. De pronto ese vestido de lentejuelas ha dejado de ser tan bonito. Se lo quita rápidamente, al igual que el sujetador y las bragas, y observa su reflejo, desnuda. Un cuerpo que consideró en su día un regalo de los dioses le parece ahora el mayor de los castigos.

Ya ni siquiera sabe quién es. Desde que entregó su cuerpo a la moda no firmó sólo un contrato de trabajo, sino también de su vida. Siempre habría alguien detrás suya diciéndole qué tenía que hacer, cómo debía comportarse. Y lo peor de todo es que todos esos mensajes de terceros acabó haciéndolos suyos. Perdió su propia identidad por fingir ser perfecta.

Siempre rodeada de gente pero sola en realidad. Ni siquiera tiene amigos. Aldara es lo más parecido que tiene a una amiga, y aun así sabe que sólo está con ella por conveniencia, para poder asistir a todos los eventos y conocer famosos.

Son muchos los que se masturban con sus fotos, pero ninguno sueña con mirarla mientras duerme. Son muchos los que desean su cuerpo, pero nadie su corazón. Mil sonrisas y miradas la siguen a todas partes, ninguna con cariño ni preocupación.

Melisa nota cómo se le van humedeciendo los ojos y, encolerizada, arroja un zapato contra el espejo, que estalla en mil pedazos, al igual que su imagen y su persona.

Fuente de la imagen.

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