Me pregunto si te acuerdas todavía de mí. Aún sigo en tu habitación, en una esquina de la estantería, junto a libros que ya no lees. Me dejaste aquí ya hace varios días, cuando entró en tu vida esa cursi muñeca con frases tontas instaladas.
¿No valen de nada los tres años que hemos pasado juntos? Aún me acuerdo de tu alegría cuando me viste por primera vez, tan grande y sincera como la mía cuando me cogiste entre tus manos. Desde ese momento te negabas a pasar una sola noche sin mí, y pobre de tu madre si me olvidabais en casa cuando os ibais de viaje, porque era ella la que tenía que aguantar todos tus lloros y berrinches.
No recuerdo cuándo, pero una tarde, viendo tú la tele conmigo a modo de cojín, me dijiste que yo siempre sería tu osito de peluche, tu muñeco preferido.
Mentira. Tan pronto entró esa dichosa muñeca en casa yo caí en el baúl de los recuerdos. Qué inocente yo cuando pasas por delante mía y me ilusiono con que me mirarás y me abrazarás, y todo a su cauce normal.
Entras por la puerta y, ¡milagro! Me estás mirando y te diriges hasta aquí. Me agarras y me llevas contigo. ¿Se habrá hecho mi sueño realidad? Me siento contento por estar de nuevo apoyado contra tu pecho… ¿Adónde me llevas? ¡No puede ser! Te parecía poco el apartarme de ti como para aun encima tirarme a la basura…


(6 votes, average: 4,00 out of 5)
