Era una mañana más, como cualquiera otra de una estudiante de secundaria. Sonó el timbre del recreo y salí al patio, ya ansiosa y buscando con la mirada a ese chico, no sé si llamarlo amor platónico, aunque sí el típico del que te fijas a esa edad, sin haber cruzado jamás una palabra, unos años mayor que tú, con aires de chulería.
Y allí estaba, rodeado de sus compañeros. Como siempre, me quedé embobada con la mirada fija en él. Fue en aquella ocasión, cuando se acercó a una de sus amigas para decirle algo, cuando reparé en su existencia. Cuando él se alejó de la chica, en vez de irse mi mirada con él, se quedó clavada en ella.
Era hermosa, pelirroja, más o menos de la edad de él, con un cuerpo que despertó mi envidia al momento. Tenía claro desde los ocho años que me atraían las mujeres, pero jamás me había gustado una chica de esa manera. Sin saberlo ella, y sin saberlo yo todavía, pasaría a ser mi anhelo los próximos meses. Sería a ella a quien observaría cada recreo, desde la lejanía, soñando con poder conocerla, con qué le diría, con un beso,… Le dedicaría un poema, pasaría noches suspirando por su rojiza melena y hasta dudaría de si aquel sentimiento sería amor. Es más, fue razón de peso para no abandonar esta vida, pues su hermosura era tal que me negaba a la idea de no poder volver a contemplarla.
Finalmente tuve la oportunidad de confesarle lo que sentía, pero no fui correspondida… Al menos pude conocerla, entregarle mi poema, al menos en los recreos ya no tenía que conformarme con sólo verla, sino que me regalaba un saludo y una sonrisa cada día. Con qué poco me hacía feliz…
Seguramente ni se acordará de mí, pero yo de ella sí. Aun es, y siempre será, mi primera chica, mi primera mujer, mi ángel.


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Ohhh que triste, pero lo bueno es que hay muchos angeles en el cielo y muchos mas en la tierra como tu.
Por suerte fuiste tan valiente como para demostrarle tus sentimientos aunque no fuesen correspondidos. Seguro que muchas otras personas que te dirían SI. Es lo que nos perdemos viviendo en la ignorancia de no demostrar lo que en realidad pensamos.
Sí, ella me dijo lo mismo. Concretamente: “¡Qué par de huevos tienes!”, jeje.
Y ya me gustaría que otras personas me dijeran que sí. A día de hoy sólo me han vuelto a gustar dos mujeres de aquella manera, o similar, y tampoco he tenido suerte.
Todo llega tarde o temprano.
No es cosa de sentirse mal.
Dice una canciòn:
Ni princesa, ni escalva, simplemente mujer.
-
Te dejo un poema que dedique a MI princesa:
.
Ayer me vi pedante, necio, posesivo.
Manipulador de tu tiempo y espacio.
Este verano me torna en loco y conociéndome tan poco
te habrás puesto a llorar.
Ya te has dado cuenta que te amo,
que lucharé por tu amor, por ese amor que es diferente,
único, condescendiente,
que no está exento de dolor.
Ni de poemas y besos, de caricias furtivas.
De miradas cargadas de sencillos te quiero.
Del humo de tus cigarros,
Y de mis tazas de café.
Nuestras charlas sin ser triviales,
son tres puntos, una coma, los sonetos de Neruda,
y la luna que se asoma.
Estás de acuerdo princesa que te ame así?
Que te confunda y trastorne,
que pongas mi mundo de cabeza?
Estás de acuerdo mi vida, estás de acuerdo princesa?
.
© Armando Cano.